EL FUTURO DE ORIHUELA COSTA EN PELIGRO.

PIOC. El futuro de nuestros vecinos está comprometido con las nefastas inversiones del ayuntamiento de Orihuela.

El sr Mestre es sin duda una persona trabajadora e inteligente. Y en PIOC le queremos. Valoramos su esfuerzo. Pero tiene el problema de que todo lo ve con las gafas de un político de Orihuela. No miente, sino que verdaderamente cree que en Orihuela Costa vivimos en el paraíso. No ve la escasa policía, la escasez de servicios esenciales, no ve que en Orihuela ciudad hay más de 100 actividades al año para niños y jóvenes organizadas por el ayuntamiento y en contraste cero en Orihuela Costa. PIOC ha nacido para defender la verdad y quitar las gafas a personas como el Sr Mestre. Vamos a defender el sentido común y la equidad entre todos los vecinos. Somos la voz de Orihuela Costa y del sentido común.

La afirmación de que Orihuela Costa “recibe lo mismo” que el casco urbano no resiste el más mínimo análisis cuando se ponen cifras, prioridades y riesgos encima de la mesa.

Lo que hoy se presenta como progreso —el llamado “parque empresarial para Orihuela ciudad” — no es un proyecto aislado, sino un paquete de inversiones de dimensiones descomunales para un municipio como Orihuela. Hablamos de un desarrollo que requiere urbanización completa, conexión a la autovía, infraestructuras energéticas de gran capacidad y, previsiblemente, la implantación de centros de datos. Todo ello sitúa el coste total en cifras que pueden superar ampliamente los 150–250 millones de euros si se incluyen accesos, potencia eléctrica y servicios asociados. Es casi 3 veces el presupuesto anual de Orihuela.

Y aquí es donde empieza el problema real: no es solo lo que cuesta construirlo, sino lo que implica mantenerlo y abastecerlo.

Un centro de datos —pieza clave en muchos de estos parques— tiene un consumo energético y, sobre todo, hídrico enorme. Para que cualquier vecino lo entienda: Se prevee una instalación de 110 MW. Vamos a ser más modestos y asumir una instalación de unos 80 MW, que puede llegar a consumir entre 1 y 2 millones de metros cúbicos de agua al año, lo que equivale aproximadamente al consumo de 20.000 a 40.000 personas. Es decir, una ciudad entera bebiendo, duchándose y viviendo… solo para mantener en funcionamiento servidores. Una desalinizadora para proveer esa agua costaría más de 10 millones de euros más las tuberías para traer el agua de la costa , en total superaría los 15 millones de euros.

En una comarca con estrés hídrico estructural, donde el agua ya es un recurso limitado, apostar por infraestructuras que requieren refrigeración constante supone tensar aún más un sistema al límite. No es una cuestión ideológica, es una cuestión física: el agua que no hay, no se puede repartir. Si ese agua.

Además ese polígono no tiene en cuenta el cambio climático y las posibilidades de inundación. Y desde luego las escasas posibilidades de tener éxito teniendo en cuenta que Orihuela está enclavada entre 4 lugares ( Cartagena, Murcia, Elche y Alicante ) con polígonos activos y muy competitivos.

Ese proyecto va encaminado al fracaso y a endeudar por 20 años a Orihuela dañando los servicios normales de una ciudad.

Mientras tanto, el Ayuntamiento promete más gasto en otras partidas de gran volumen:

  • Más de 50 millones de euros en la ciudad deportiva.
  • 41 millones en rehabilitación urbana.
  • Decenas de millones adicionales en otras infraestructuras ( Asilo, adecuación del edificio de la CAM, renovación de parques, etc) y en actividades como fiestas, cultura,…

Y si ampliamos la mirada a la última década, el patrón es aún más claro. En los últimos 10 años, Orihuela ha destinado cantidades muy importantes a inversiones en el casco urbano y su entorno inmediato:

  • Rehabilitación del Palacio de Rubalcava.
  • Compra del edificio del Caja de Ahorros del Mediterráneo.
  • Actuaciones en el asilo.
  • Intervenciones en la plaza de toros.

Proyectos de distinto tipo, pero con un denominador común: inversión directa en la ciudad.

Frente a esto, la realidad de Orihuela Costa es difícil de rebatir: en ese mismo periodo, la inversión estructural ha sido prácticamente inexistente. No hablamos de mantenimiento básico, sino de proyectos transformadores que mejoren la calidad de vida de decenas de miles de residentes.

Y el contraste continúa en el presente:

  • 1.5 millones para un hipotético centro cultural en la costa.
  • 300.000 euros para el centro Ramón de Campoamor.
  • Un depósito de agua cuya finalidad principal no es mejorar el servicio actual, sino sostener el crecimiento urbanístico futuro cuyo provecho irá a sufragar los gastos de Orihuela ciudad.

La desproporción no es discutible: es evidente.

Pero hay algo aún más preocupante: el impacto en las cuentas públicas. Si se ejecuta este modelo, Orihuela quedará condicionada durante los próximos 15–20 años por una deuda o compromiso financiero de enorme magnitud. Esto limita la capacidad de inversión futura en servicios básicos: sanidad, mantenimiento urbano, seguridad, movilidad o equipamientos reales para los vecinos.

Y todo ello con un riesgo considerable de fracaso. España está llena de polígonos industriales infrautilizados o directamente vacíos. Apostar por un macroproyecto sin garantías sólidas de demanda es trasladar el riesgo al conjunto de los ciudadanos.

Eso sí, hay quienes sí ganan con total seguridad: los propietarios de los terrenos. La recalificación y urbanización multiplican el valor del suelo de forma inmediata. Es un beneficio privado claro frente a un riesgo público igualmente claro. Y no tenemos en cuenta, que deberíamos, que toda inversión en Orihuela se incrementa al menos un 30% en sobrecostos.

El pasado, además, ofrece una lección que no debería ignorarse. Históricamente, Orihuela no ha gestionado bien sus núcleos alejados. Basta observar cómo otros territorios que en su día dependían administrativamente de municipios mayores —y que lograron su independencia— han experimentado mejoras significativas en inversión, servicios y planificación adaptada a sus propias necesidades.

Durante años, Orihuela Costa no ha tenido una voz propia capaz de señalar estas contradicciones. Esa etapa ha terminado. PIOC surge precisamente para poner cifras, contexto y sentido común en el debate.

Porque esto no va de estar en contra del desarrollo. Va de preguntarse qué desarrollo, para quién y a qué precio.

Si este proyecto sigue adelante, no estaremos ante el motor económico del futuro, sino ante una hipoteca colectiva que pagarán durante décadas todos los vecinos, especialmente aquellos que, como los de Orihuela Costa, siguen esperando inversiones reales mientras ven cómo se priorizan megaproyectos de dudosa viabilidad.

La respuesta del vecino de Orihuela es dejar de creer a los políticos de Orihuela y registrarse para votar por la INDEPENDENCIA. Tenemos que seguir el ejemplo de Pilar de la Horadada. Ni un solo vecino de Pilar de la Horadada querría volver a pertenecer a Orihuela.

La INDEPENDENCIA es nuestro futuro. Regístrate para votar

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